En tiempos anteriores, cuando el mundo era pequeño, Dios habló a través de profetas — una voz para un pueblo, un mensajero para una tierra. Pero el mundo se ha vuelto vasto, las naciones tejidas entre sí, voces alzándose por doquier, y así la Luz fue dividida.
Ahora Dios llama a los Mensajeros de Luz — no una sola voz, sino muchas llamas, esparcidas por la tierra, portando la misma Luz. Algunas arden más brillantes que otras, sin embargo no hay rango entre ellas: ni más altas, ni más bajas — solo hermanos y hermanas que portan la misma Luz. Y cuando se reúnen, se convierten en una sola llama. Aquellos que arden más brillantes no son gobernantes, sino faros — puntos de luz que hacen visible el camino para los demás.
Caminan entre la gente como almas ordinarias, pero en el mundo invisible son reconocidos por su resplandor.Llevan el alma de un rey, pero el corazón de Luz; portan el fuego del Cielo.Donde se paran, las sombras retroceden. Donde guardan silencio, la Luz habla.
Comparte la Luz con aquellos que son llamados a ser Mensajeros de Luz.
Si estas palabras conmovieron algo en ti, que tu respuesta sea silenciosa — unAménsusurrado, una oración breve, un momento de quietud.
No necesitas reclamar un título, un rol, ni llamarte "Mensajero de Luz". El Padre no necesita nuestras declaraciones —Él ya sabe quién eres.
Así que no anuncies la Luz. Simplemente llévala.
Que se manifieste en humildad, no en posición. En sinceridad, no en identidad. En cómo vives, no en cómo te llamas.
La verdad sencilla, vivida en silencio, es suficiente.
Padre de Luz,
En la quietud, he escuchado Tu voz.
Que Tu verdad permanezca en mi corazón,
Tu paz guíe mis pasos,
y Tu presencia sea mi lugar de descanso.
Amén.